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14/5/13

Mi primer campamento


Campamentos de verano, amores adolescentes y expresiones de amistad llevados a su máxima expresión.

Aún recuerdo el verano de mis 13 años, fue la primera vez que fui a un campamento de verano. La verdad es que podría haberlo hecho mucho antes, cada verano mis padres me animaban a hacerlo: un campamento deportivo, en la playa e, incluso, una temporada en Irlanda, que en aquella época estaba muy de moda. Pero la verdad es que nunca me atreví.

Fuente: Internet.


No es que fuera una niña muy de casa, pero supongo que pasar el verano fuera me asustaba un poco. Además, si os soy sincera, entonces era bastante tímida. Conocer gente nueva era todo un mundo para mí y, supongo, que pensar en enfrentarme a todo un campamento lleno de niños era demasiado para mí.

Un cúmulo de circunstancias hizo que ése fuese el verano. No me obligaron, si eso es lo que os estáis imaginando. Me animé yo solita (con el tiempo ésta espontaneidad se ha ido revelando más fuerte)  ¡¡no veáis cómo me arrepentí de no haberlo hecho antes!! Si alguna vez habéis ido de campamento, seguro sabéis de qué os estoy hablando. Los valores propios de la adolescencia se elevaron a su máxima potencia:

La amistad.

Compartí habitación con 3 chicas más. Éramos todas de la misma edad y en seguida hicimos piña, como no podía ser de otra manera. En el comedor, la piscina y las actividades, siempre juntas. Aun recuerdo nuestras excursiones por las noches, nuestra habitación estaba en un bajo, por lo que saltar a la calle no suponía ningún riesgo, aunque para nosotras fuese la mayor de las locuras.

La ayuda mutua.

Una de las compañeras lo pasó un poco mal, “mamitis” le llaman. Todas nos volcamos y tratamos de hacerla sentir bien. Se quería ir, pero no lo consentimos. ¿Cómo iba a dejarnos solas? ¡No podía! Y sí, al final se quedó. O quizás éso es lo que quiero recordar. Sinceramente no me acuerdo. Pero si eres madre y estás leyendo ésto: NO recojas a tu hijo, la "mamitis" se pasa. 

Rivalidad.

Sí, también tuvimos bronca con las de la habitación de en frente. ¿Qué se creían? ¿Qué podían entrar en nuestra habitación a quitarnos la ropa? La bronca nos la llevamos nosotras, que para eso éramos mayores. Pero la rivalidad permaneció durante todo el tiempo que duró el campamento, competíamos en equipos diferentes y ganarles era todo un reto.

Amor de verano.

¿Y ésos monitores? Quizás si los viésemos ahora cambiaríamos de opinión, pero entonces, sólo por ser mayor ya hacían las delicias de todas a las que dedicaba una sonrisa. 

No puedo evitar sonreír al recordar la despedida¡parecía el fin del mundo! Ésos amigos con los que había compartido las dos mejores semanas de mi vida, tenía que dejarlos en el camino, a los monitores, los días de excursiones, los momentos en la piscina, los juegos por las noches… 

El último día los cuadernos rulaban de mano en mano, apuntando nuestros teléfonos y direcciones (¡entonces aún no había móviles ni Internet!). Llantos y promesas de reencuentro.

Nada mejor que los campamentos de verano

3 comentarios:

  1. inmaculada blanco17/5/13 13:07

    Dos años seguidos fuí de campamento, con 13 y 14 años. Muy buenas amigas hice. Han pasado muchos años y aún sigo teniendo amistad con algunas ( somos de la misma ciudad ). Con las de fuera me carteé durante mucho tiempo . Las sigo recordando.
    Una experiencia maravillosa. La recomiendo

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  2. Si es que como las amistades que se hacen en la infancia, ¡ninguna! Nos alegramos de que aún las conserves y de que disfrutaras tu experiencia. ¡Ah! Y de que la recomiendes ;)

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  3. inmaculada blanco20/5/13 12:48

    Jajajaja!

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